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El universo es un inmenso campo de energía, en el que opera un
poder organizador infinito, que tiene por finalidad, preservar
una ininterrumpida continuidad en su evolución.
Nada es estático, todo funciona gracias a un intercambio de
diminutas partículas, siempre dinámico, espontáneo y continuo.
Es la fuerza vital interior de cada ente, de cada organismo, de
cada elemento, de cada ser, y su fluir, lo que mantiene esa
interacción con el universo, conocido también como Conciencia
Universal.
Esto puede apreciarse en el
movimiento ordenado en sus respectivas esferas, de las estrellas
y de los planetas, al igual que el Sol, la Luna y la Tierra. Es
en sí un poder dinámico e imperceptible que les asegura un
perfecto orden en el cosmos.
De esa misma manera, hay innumerables e invisibles fuerzas o
energías operando y fluyendo en todas partes, y aunque no puedan
ser vistas, su existencia no puede ser negada. Por ejemplo,
la Tierra no realiza ningún esfuerzo por girar
alrededor del sol. Ella, naturalmente lo hace. Las flores no
luchan por florecer, naturalmente florecen. Los peces no
realizan excesos de trabajo para nadar, naturalmente nadan. Las
aves no se afanan por volar, naturalmente vuelan. Los perros no
“sudan la gota” para poder ladrar, naturalmente ladran.
Esa es la naturaleza
intrínseca en cada uno de ellos. Es su
esencia, su fuerza vital o su energía, la que los va guiando
para hacer lo que tienen que hacer, y de alguna u otra forma,
disfrutarlo.
Con el ser humano ocurre todo lo contrario. Tiene como
naturaleza inherente, ser un ser humano, manifestando sus
cualidades naturales, pero “naturalmente” no lo hace. Su esencia
innata no es manifestada con naturalidad, ya sea porque no lo
sabe hacer, no lo desea hacer, le puede parecer insignificante o
sencillamente, no tiene tiempo para ello.
Él tiene que esforzarse por
ser feliz. Tiene que luchar para conseguir el dinero con la
excusa de que tiene que
mantener a su familia. Tiene que sacrificar su tiempo
libre, para estudiar y así poder lograr una profesión. Tiene que
encomendarse a Dios, para poder sacar dinero del banco y luego,
seguir orando, para que no lo atraquen. Tiene que hacerse
cirugías e implantes, para poder tener una belleza externa.
Tiene que inventar la forma de obtener dinero, para comprar
casa, carro, celular, computadora, además de
satisfacer sus vicios y otros deseos.
Tiene que conquistar con
regalos a su familia, para que lo puedan amar. Tiene que
cuidarse de las amistades, para que no abusen… Tiene que
sobresalir en todo, para poder ser aceptado y para lograr sus
metas. Tiene que padecer trabajando, para “disfrutar” de unas
vacaciones, para ir al cine o para celebrar una fiesta…
Luego, cuando finalmente
llega a la vejes, ha sido tanto su esfuerzo y su lucha para
conseguir, lo poco que tiene, que olvidó, que la vida era un
fluir espontáneo y natural de energía y que para ello, no
necesitaba esforzarse ni luchar, sino simplemente Ser.
Él olvidó que todo lo que
desea se encuentra dentro de él, en forma de energía. Además
olvidó, que ha tenido y tiene un abanico de alternativas, razón
por la cual sólo tiene que escoger cómo ha de hacerlo siendo…
Olvidó
que tiene acceso directo a un número infinito de opciones al
accionar.
Así ha sido desde siempre y así seguirá siendo hasta que él
decida “despertar” de su absurdo letargo, y con ello decida
también dejar fluir naturalmente su perfecto estado energético
inherente.
Fluir Energético
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