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El Intelecto

El intelecto es un nivel energético dentro de cada individuo, en el cual las partículas que lo conforman se mueven o vibran en una frecuencia muy alta. Dentro de la escala vibracional, son energías que se encuentran al nivel de las que denotan la verdad, la rectitud, la confianza, la firmeza, la constancia, la indagación, la reflexión, el discernimiento y el control, armonizadas con las energías de la bondad y el amor.

Son energías que por muchísimo tiempo se fueron haciendo más sutiles alcanzando un nivel de pureza o estado de apacibilidad, lo que las faculta para realizar constantemente una profunda percepción, indagación, juicio imparcial, reflexión y discernimiento de toda la información energética que les llega.

El intelecto es la zona energética que le da fluidez a la voz interna que proviene de las energías de la misma conciencia, la cual es la encargada de guiar al individuo cuando, de alguna u otra manera, es activada. Es, en otras palabras, la voz que sutilmente dicta el “deber ser” humano. Cuando se acatan sus dictados fluyen armoniosamente las energías que le indican a cada persona lo que en verdad somos.

Este contacto, Intelecto-Conciencia sucede porque las energías del intelecto, en la escala energética humana, se encuentran más próximas a las de la conciencia, razón por la cual reciben la mayor parte de las energías que provienen de ella.

Las energías de la mente, al ser algo más densas, vibran en una frecuencia más baja que las del intelecto, pero cuando se acciona humanamente, ellas pueden llegar a ser dirigidas por éste. Los sentidos vibran según el ritmo que le indique la mente y el cuerpo vibra de acuerdo a los impulsos de los sentidos.

En otras palabras, las energías emanadas por los sentidos son más sutiles que las emanadas por el cuerpo. Las energías de la mente son más sutiles que la de los sentidos, y las del intelecto son mucho más sutiles que las de la mente. Finalmente, las energías de la conciencia son más sutiles que las de todos ellos.

Este es un proceso constante y por etapas, en el que las energías de la conciencia al ir fluyendo hacia el cuerpo, van disminuyendo gradualmente, y de manera cuantitativa y cualitativa su frecuencia. Es decir, de alguna u otra forma éstas se van “contaminando” al pasar por el intelecto, luego por la mente, los sentidos, hasta llegar finalmente al cuerpo.

Sin embargo, mediante el esfuerzo voluntario, es posible minimizar su deterioro cuantitativo y cualitativo.

Al activarse concientemente las energías del intelecto a través del constante discernimiento, lo que se está haciendo es facilitar su influencia directa sobre la mente, los sentidos y el cuerpo.

Cuando una persona se enardece o se enoja, lo más recomendable, es que trate de no hablar, para no actuar impulsivamente ni dejarse llevar por las emociones del momento. Debe tratar de aislarse para poder reflexionar y así determinar qué es lo correcto de lo que no lo es. Debe también tomarse el tiempo necesario para proyectar y visualizar la situación en el tiempo y en el espacio, lo que le permitirá determinar lo que debe hacer.

La repetición constante de este “ejercicio mental”, harán más coherente a la naturaleza humana los pensamientos, las palabras y las acciones, y a su vez, se irán fortaleciendo la toma de decisiones acertadas al momento de accionar.

En consecuencia, sólo cuando el individuo someta sus pensamientos al escrutinio del intelecto, podrá ir solucionando sus problemas y así, irá también entendiendo la razón de su existencia.