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Unidad, Pluralidad y Respeto a la Individualidad
Todos los seres humanos pertenecemos a la familia de la humanidad. Familia
no significa que quienes la conformamos debamos ser iguales. No significa tampoco,
que debamos ser educados de manera similar, o alimentarnos de la misma forma, ni
vivir en condiciones similares y mucho menos, que tengamos que profesar una misma
fe o que tengamos que pertenecer a un mismo partido político.
Esto resulta imposible por el momento, pues cada esencia o alma ha tenido
condiciones y experiencias diferentes de vida, no tan sólo en esta existencia,
sino también en las anteriores.
La unidad en los seres humanos, debe verse solamente en la conducta recta
que hará posible la manifestación constante de su esencia innata o su humanidad,
que los llevará finalmente a la Realización de su Ser. Es esta la razón por la
que en lo externo debe prevalecer la diversidad, la cual sólo puede utilizarse
como un estímulo constante para alcanzar la unificación.
Es ese el motivo por el que la diversidad constituye la esencia misma de la
vida y uniformarlo todo, no traería ningún beneficio. Esto no quiere decir, que
cada quien tiene el “derecho de hacer lo que se le viene en gana”, ¡no! La única
libertad razonable que se debe practicar, debe ser aquella que permita que los
individuos actúen con los lineamientos trazados por la rectitud, armonizándose a
la vez con los Principios Universales y con las Leyes Naturales que rigen su
existencia.
La pluralidad y el respeto a la individualidad deben mantenerse y deben
ser preservados cuidadosamente, porque en la actualidad los seres humanos no han
desarrollado similares niveles de conciencia, lo que hace a cada persona
diferente a las demás. Esto debido a que sus energías inherentes se han ido
activando, desarrollando, fortaleciendo y arraigando de diferentes maneras, así
como también, se han ido tergiversando, distorsionando, desvirtuando y subusando
de diferentes maneras.
En consecuencia, para poder alcanzar un entendimiento colectivo mundial,
todos debemos trabajar, sólo en el desarrollo de la “unidad de la esencia”
mediante el ejemplo personal y en la toma de conciencia de las acciones. Sólo
así, podremos constituir una verdadera y gran familia.
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