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Las
Catástrofes Mundiales
Todas las acciones humanas son manifestaciones energéticas, que se rigen por
la Tercera Ley de Newton, la Ley de Causa y Efecto o la Ley del Karma, además de
la Ley de la Conservación de la Energía, la Ley de Gravedad Individual, junto al Principio de la
Responsabilidad Energética Individual.
La energía al no crearse ni destruirse ni desaparecer, se encuentra en
constante transformación. Esta transformación puede ser en energías “buenas” o
en energías “malas”.
Es debido a esta Norma Universal que no existe la maldad ni el pecado. Lo
que existen son oportunidades energéticas.
Cuando accionamos, en pensamientos, palabras, obras, sentimientos y/o
emociones, las energías manifestadas hacen que se muevan las energías
inherentes y que denotan nuestra personalidad, de acuerdo a lo que se está
expresando o manifestando en ese momento.
Ellas se expanden, se propagan, se liberan, así como también cuando no son
“buenas”, por su densidad se acumulan, tanto en quien ejecutó la acción, como en
aquellos a quienes se dirigió de manera directa e indirecta.
Las energías malas reflejan codicia, apatía, cólera, ira, odio, dejadez,
lujuria, venganza, promiscuidad, adicción, envidia, temor, irresponsabilidad,
injusticia, traición, irrespeto, resentimiento, crítica, desprecio, agresividad,
ilegalidad, soberbia, frustración, miedo, traición, flojera, enemistad, falsedad
y perversidad, entre tantas otras.
Ellas, se han ido acumulado durante mucho tiempo, formando así una “masa
energética”.
Su contextura es muy parecida a una enorme nube de asfalto negro. No se ve a
simple vista pero se encuentra allí presente.
Hay quienes la llevan sobre sí mismo. Otras se acumulan sobre y dentro de
las casas, manteniendo un ambiente pesado, discordante, en el que predomina la
falta de entendimiento, las peleas, la desidia, la violencia, las adicciones, la
incomprensión,… Se acumulan además en los objetos, plantas, animales y en
cualquier otro lugar por las que vaguen y sean atraídas.
Otras se aglomeran sobre una comunidad, no permitiendo el entendimiento, la
cordialidad, la amabilidad, la participación, la benignidad, la paz,... Y
finalmente, una gran masa energética mala colectiva, se almacena sobre algunos
países del mundo, impidiendo la manifestación natural de energías racionales, de
justicia, equidad, igualdad, dignidad, paz, respeto, democracia, libertad y
armonía que permitan el buen convivir.
Esa gran masa negra no puede salir del Planeta porque esa energía que
inicialmente era buena y equilibrada, ha sido distorsionada, desvirtuada y
tergiversada por sus pobladores.
Es una responsabilidad de los seres que habitan la Tierra el retornarlas
nuevamente a su estado original. Lo que es de este Planeta, en este Planeta se
queda. Es la Fuerza de Gravedad la que impide, que se vayan al espacio exterior.
Esa es su función. Esa es su esencia.
Las últimas catástrofes mundiales, el Calentamiento Global y el Efecto
Invernadero, no se deben a la basura, aerosoles, gasolina, gases, dióxido de
carbono, al aumento de la población, al aumento del consumo, la tala de árboles
ni cualquier otra excusa. La razón de tantas tragedias, desastres y catástrofes
mundiales, está vinculada a las acciones cotidianas de todos sus pobladores.
La Atmósfera, a través de los gases que la conforman,
tiene como función atrapar algunos rayos
del sol para conservar una temperatura adecuada dentro del Planeta. Pero poco a
poco, año tras año, siglo tras siglo, esos gases o energía sutil conocida como
Atmósfera, y que tenía como función
proteger todo lo que existía dentro del
planeta, ha ido desvirtuando su esencia.
Ha sido el accionar equivocado de cada uno de sus habitantes, lo que ha
cambiado su configuración molecular y atómica.
De nada sirve la recolección perfecta de la basura, o
la fiscalización perfecta de las industrias ni el racionamiento. Tampoco el uso
de
focos ahorradores de energía, ni apagar lo
aparatos en vez de dejarlos en espera, ni disminuir el uso de calentadores y
aires acondicionados, ni usar menos el agua caliente, ni mantener las llantas
bien infladas. Ni compartir el automóvil. Ni caminar o usar la bicicleta,…
Reflexionemos…
¿Quién es el que puede controlar la basura?
¿Quién es el que puede apagar la luz?
¿Quién es el que puede racionar el consumo de gasolina?
¿Quién es el que siembra árboles?
¿Quién es el que puede compartir el automóvil?
¿Quién es el que puede hacer uso adecuado de su empresa?
¿Quién es el que puede ser generoso?
¿Quién es el que puede ayudar a sus congéneres?
¿Quién es el que puede dedicar su vida a servir?
Entonces, no es la acción la que puede cambiar al mundo…
Es el que la ejecuta.
Es la Transformación Conciente, Voluntaria y Sincera del Ser Humano la que
permitirá que todo vuelva a la normalidad y al equilibrio energético.
Pero esa transformación además
debe ser espontánea, practicando el
sacrificio, el entendimiento, la benignidad, la tolerancia, la justicia, la
igualdad, la libertad, la participación, la paz y la introspección.
Es una transformación que se puede llevar a cabo, sólo generando buenas
vibraciones con pensamientos buenos y nobles, hablando sin desprecios ni
humillaciones, siempre con amor, y accionando con rectitud, dentro de los
límites de la moral y las buenas costumbres.
Es hacer de la Concientización
una nueva forma de vivir, teniendo siempre presente que: “Cada Acción tiene su
correspondiente Reacción” como única limitante señalada por las mismas Leyes
Naturales del Universo.
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